Miercoles, 24 de Mayo de 2017


Política y algo más?


Por Antonio Noria Ramírez

Central Virtual de Noticias

Una nación sin elecciones libres es una nación sin voz, sin ojos y sin brazos. Octavio Paz

Bastó una reunión privada entre el líder príista nacional, Pedro Joaquín Coldwell, y el Presidente Felipe Calderón Hinojosa, para que el priismo  abandonara su actitud belicosa.

Aquella jauría tricolor desatada contra Calderón, quedó hoy en solo una dócil y domada manada canina.

Enloquecido por el poder y el alcoholismo, como bien lo documenta Julio Scherer García en su más reciente libro, Calderón de cuerpo entero, Felipe, con desfachatez, violó la veda electoral.

Aseguró, ante consejeros de Banamex, que Josefina Vázquez Mota se había acercado al puntero copetón de Enrique Peña Nieto, a sólo cuatro puntos de éste.

Eso generó reacciones agrias priístas, por ello es inexplicable el inesperado cambio silencioso de las huestes tricolores.

Y no sólo la promoción del Presidente de la República a favor de Josefina Vázquez Mota es el único ingrediente que molesta a quienes ahora están seguros de recuperar la Presidencia, que Ernesto Zedillo entregó el uno de diciembre de 2000 al panismo.

Hay otros factores recientes que justifican el enojo priísta: la filtración de las investigaciones de la PGR en contra de tres ex gobernadores (Manuel Cavazos Lerma, Tomás Yarrington Ruvalcaba y Eugenio Flores) de Tamaulipas por presuntas ligas con el narcotráfico.

Antes, el propio Presidente habría dicho, sin pruebas contundentes, que en el triunfo del PRI en Michoacán, en donde fracaso rotundamente su hermana Cocoa,  a pesar del apoyo del aparato gubernamental, se involucró la delincuencia organizada.

Un poco antes, la administración calderonista,  por medio de la Secretaria de Hacienda, lanzó una guerra mediática contra el ex líder nacional del PRI,  Humberto Moreira, a quien acusó de un adeudo multimillonario cuando gobernó Coahuila. En el empréstito, según el gobierno, se utilizó documentación apócrifa.

Las anteriores, desde luego, son razones de mucho peso que hacen más extraño el cambio de actitud de los priistas y de su líder en el país, Pedro Joaquín Coldwell.

La intromisión de Felipe Calderón es una clara violación a las leyes electorales del país, no es cualquier cosa. Hay que recordar, como lo sostuvo en su momento el Trife, el proceso electoral de 2006 peligró gracias a la sistemática injerencia que en el mismo tuvo Vicente Fox.

Además, el actual comportamiento de Calderón enrarece los tiempos que cada vez están    en riesgos de contaminación por la violencia que se vive en todo el país con la delincuencia organizada gracias a una maldita guerra absurda e innecesaria.

Por eso el IFE no puede, ni debe, ser indiferente. No tiene porqué desdeñar una acción que pone en peligro un   proceso en el que los mexicanos se encaminan a elegir a su gobernante.